El caballero
Carmelo, obra maestra del escritor peruano Abran Valdelomar, es un conmovedor
cuento que narra la historia de un viejo gallo de pelea llamado carmelo
Ambientado en la infancia del autor en la ciudad de Pisco, el relato nos
transporta a un mundo de tradiciones peruanas, sueños, sentimientos a un animal
considerado como de la familia y la dura realidad de las peleas de gallos.
Sobre la mesa
estaba la alforja rebosante; Sacó, uno por uno, los objetos que traía y nos los
entregó a cada uno de nosotros. ¡Qué cosas tan ricas! ¡Adónde había viajado!
Quesos frescos, blancos, envueltos a la cintura con paja de cebada, de la
Quebrada de Humay; chancacas elaboradas con cocos, nueces, maní y almendras;
frijoles colados en sus calabacines redondos, pintados encima con un rectángulo
del propio caramelo, que indicaba la tapa, de Chincha Baja; bizcochos, en sus
cajas de papel, de yema de huevo y harina de patata, ligeros, esponjosos,
amarillos y dulces; Santos tallados en “piedra de Guamanga” en la feria de la
montaña; cajas de manjar blanco, tejas rellenas y un gallo trabajan con los
colores blanco y rojo. Todos recibimos el regalo, y él nos decía mientras nos
lo daba: -Para mamá… para Rosa… para Jesús. Para Héctor...- ¿Y para papá? -le
interrogamos, cuando terminó: -Nada. - ¿Como? ¿Nada para papá? La amada sonrió,
llamó al criado y le dijo: -! ¡El "Carmelo"! Al poco tiempo regresó
con una jaula y sacó un gallo, el cual se liberó, estiró sus cansadas
extremidades, batió las alas y cantó fuerte: - ¡Cocorocóooo!...- ¡Para papá!
-dijo mi hermano. Así entró en nuestra casa este íntimo amigo de nuestra pasada
infancia, a quien le sucedió una historia digna de narrar, cuyo recuerdo aún
perdura en nuestro hogar como una sombra alada y triste: el Caballero Carmelo.
(Valdelomar, 1913, p.7)
El fragmento
anterior muestra la escena de la llegada del Caballero Carmelo a la casa de los
narradores después de un largo viaje. Roberto trae consigo una gran cantidad de
regalos para cada uno de los miembros de la familia, excepto para el padre. En
lugar de un regalo material, le ofrece al padre un gallo llamado Carmelo. A la
vez transmite una sensación de alegría y nostalgia. La alegría se refleja en la
descripción de los regalos que trae el Caballero Carmelo y en la reacción de
los miembros de la familia al recibirlos. La nostalgia se refleja en la mención
de la infancia de los narradores y en la descripción del Caballero Carmelo como
una "sombra alada y triste".
Nos lo comeremos el domingo,
Defendiéndolo mi tercer hermano, Anfiloquio, su poseedor, suplicante y lloroso.
Dijo que era un gallo que haría crías
espléndidas. Agregó que desde que había llegado el Carmelo todos miraban mal al Pelado, que antes
era la esperanza del corral y el único que mantenía la aristocracia de la afición
y de la sangre fina.
- ¿Cómo no matan -decía en su defensa del gallo- a los patos que no
hacen más que ensuciar el agua, ni al
cabrito que el otro día aplastó un pollo, ni al puerco que todo lo enloda y sólo sabe comer y gritar, ni a
las palomas que traen la mala suerte?
...? Se adujo razones. El cabrito era un
bello animal, de suave piel, alegre, simpático, inquieto, cuyos
cuernos apenas apuntaban; además, no estaba comprobado que hubiera muerto al
pollo. El puerco mofletudo había
sido criado en casa desde pequeño, y las palomas, con sus alas de abanico, eran la nota blanca,
subían a la cornisa a conversar en voz baja,
hacían sus nidos con amoroso cuidado y se sacaban el maíz del buche para
darlo a sus polluelos.
El pobre Pelado estaba condenado. Mis hermanos pidieron que se le
perdonase, pero las roturas eran valiosas y el infeliz sólo
tenía un abogado, mi hermano y su señor, de poca influencia.
Viendo ya perdida su defensa y estando la audiencia al final, pues iban
a partir la sandía inclino la cabeza. Dos gruesas lágrimas
cayeron sobre el plato, como un sacrificio, un
sollozo se ahogó en su garganta. Callamos todos. Levantase mi madre,
acercóse al muchacho, lo besó en la frente, y le dijo:
-No llores; no nos lo comeremos.
(Valdelomar, 1913, p. 9)
En el
párrafo, se evidencia la tristeza de Anfiloquio, el tercer hermano, por las
intenciones de comérselo al pelado. Anfiloquio intenta defender a su gallo
destacando las cualidades negativas de los demás animales, para que el pelado
sobre salga, argumentando que es un animal valioso, representativo y que no ha
hecho nada malo. Sin embargo, sus hermanos no lo escuchan. A la vez transmite
una sensación de injusticia y
compasión. La crueldad
se refleja en la decisión del padre al decir que mataran al gallo, a pesar de
las súplicas de Anfiloquio también se refleja la compasión en la descripción
del dolor de la madre al ver llorar a su hijo.
Una
tarde, mi padre, después del almuerzo, nos dio la noticia. Había aceptado una apuesta para la jugada de gallos de San
Andrés el 28 de julio. No había podido evitarlo. Le habían dicho que el Carmelo, cuyo prestigio era mayor que el
del alcalde, no era un gallo de raza. Molestó mi padre. Cambiaron
frases y apuestas y aceptó.
Dentro de un mes toparía el
Carmelo con el Ajiseco de otro aficionado, famoso gallo vencedor, como el nuestro,
en muchas lides singulares. Nosotros
recibimos la noticia con profundo dolor. El Carmelo iría a un
combate y a luchar a muerte, cuerpo a cuerpo, con un gallo más fuerte y joven. Hacía ya tres años que estaba en
casa, había él envejecido mientras
crecíamos nosotros. ¿Por qué aquella
crueldad de hacerlo
pelear? ... Llegó el terrible
día. Todos en casa estábamos tristes. Un hombre había venido seis días seguidos a preparar al Carmelo. A
nosotros ya no nos permitían ni verlo. El día 28 de julio, por la tarde, vino el preparador y de una caja llena de
algodones sacó una media luna de
acero con unas pequeñas correas: era la navaja, la espada del soldado. El hombre la limpiaba, probándola en la uña,
delante de mi padre. A los pocos minutos, en
silencio, con una calma trágica, sacaron al gallo que el hombre cargó en
sus brazos como a un niño. Un
criado llevaba la cuchilla
y mis dos hermanos le acompañaron.
-¡Qué crueldad! -dijo mi madre.
Lloraban mis hermanas, y la más pequeña, Jesús,
me dijo en secreto, antes de salir:
-Oye,
camina con él… Cuídalo… ¡pobrecito! (Valdelomar, 1913, p.12)
En este
fragmento se nos presenta la situación que da origen a la historia: la apuesta
en una pelea de gallos entre Caballero Carmelo, un gallo noble y anciano, y
Ajiseco, un gallo joven y fuerte, sobresaliendo el amor y la tristeza que tiene
la familia por el enfrentamiento y las posibilidades que gane. También se puede
inferir que el narrador tiene un fuerte vínculo emocional con su gallo, en ese
entonces se puede notar que la sociedad en la que vive el narrador es
insensible al sufrimiento animal.
Sonó la campanilla del juez y yo empecé a temblar. En medio de la
expectación general, salieron los
dos hombres, cada uno con su gallo. Se hizo un profundo silencio y soltaron a los rivales. Nuestro Carmelo aliado
del otro era un gallo viejo y achacoso; todos
apostaban al enemigo, como augurio de que nuestro gallo iba a morir. No
faltó aficionado que anunciara el
triunfo del Carmelo, pero la mayoría de las apuestas favorecía al adversario. Una vez frente al enemigo, el Carmelo
empezó a picotear, agitó las alas y
cantó estentóreamente. El otro, que en verdad no parecía un gallo fino de distinguida sangre y alcurnia, hacía cosas
tan petulantes cuan humanas: miraba con desprecio
a nuestro gallo y se paseaba como dueño de la cancha. Enardeciéronse los ánimos de los adversarios, llegaron al
centro y alargaron sus erizados cuellos, tocándose los picos sin perder terreno. El Ajiseco dio la primera
embestida; entabló sé la lucha; las gentes
presenciaban en silencio la singular batalla y yo rogaba a la Virgen que sacara con bien
a nuestro viejo paladín.
Batía
se él con todos los aires de un experto luchador, acostumbrado a las artes
azarosas de la guerra. Cuidaba poner
las patas armadas en el enemigo pecho, jamás picaba a su adversario -que tal cosa es cobardía- mientras que éste,
bravucón y necio, todo quería hacerlo
a aletazos y golpes de fuerza. Jadeantes, se detuvieron un segundo: Un hilo de sangre corría por la pierna del Carmelo.
Estaba herido, más parecía no darse cuenta de
su dolor. Cruzáronse nuevas apuestas en favor del Ajiseco y las gentes
felicitaban ya al poseedor del menguado.
En su nuevo encuentro, el Carmelo cantó, acordase de sus tiempos y
acometió con tal furia que
desbarató al otro de un solo impulso. Levantase éste y la lucha fue cruel e indecisa.
Por fin, una herida grave hizo
caer al Carmelo, jadeante...- ¡Bravo!
¡Bravo el Ajiseco! -gritaron sus partidarios, creyendo ganada la
prueba. Pero el juez, atento a todos
los detalles de la lucha y con acuerdo
de cánones dijo:
-
¡Todavía no ha enterrado el pico, señores!
En efecto, incorporase el Carmelo. Su enemigo, como para humillarlo, se
acercó a él, sin hacerle daño. Nació
entonces, en medio del dolor de la caída, todo el coraje de los gallos de "Caucato". Incorporado
el Carmelo, como un soldado herido, acometió de frente y definitivo sobre su rival, con una estocada que lo dejó
muerto en el sitio. Fue entonces
cuando el Carmelo que se desangraba, se dejó caer, después que el Ajiseco había enterrado el pico. La jugada estaba
ganada y un clamoreo incesante se levantó en
la cancha. Felicitaron a mi padre por el triunfo, y, como esa era la
jugada más interesante, se retiraron del circo, mientras resonaba
un grito de entusiasta:
- ¡Viva el Carmelo!
Yo y mis hermanos lo recibimos y lo condujimos a casa, atravesando por
la orilla del mar el pesado camino
y soplando aguardiente bajo las alas del triunfador que desfallecía. (Valdelomar, 1913, p. 13)
En el párrafo, se muestra la valentía del gallo
Carmelo durante una pelea de gallos. El narrador describe cómo, a pesar de
estar herido y cansado, Carmelo sigue enfrentándose a su adversario con mucha
determinación y coraje. Esto genera en el lector una sensación de admiración y
respeto hacia el gallo. El respeto del narrador se evidencia en la manera en
que habla de Carmelo. A partir de la descripción, se puede deducir que Carmelo
es un gallo fuerte y persistente. Además, se puede inferir que las peleas de
gallos son eventos emocionantes y llenos de suspense. También es probable que
el narrador sea un entusiasta de las peleas de gallos, dado el tono y la forma
en que narra la acción.
SINTESIS: El texto cuenta la historia de un gallo
llamado Carmelo y su relación con su familia. Como primer episodio describe a
Roberto el hermano mayor llegando con obsequios como harina, bizcochos, cajas
de papel etc. (incluido el gallo Carmelo).
En el segundo episodio, uno de los hermanos defiende al gallo, diciendo
que es injusto sacrificarlo cuando hay otros animales en el corral que causan
problemas mayores. Sin embargo, estos motivos no son suficientes como para que
Carmelo pudiese sobresalir, sin causar algún tipo de perjuicio dentro de la
familia. También se expresa su preocupación por el destino del gallo cuando le
dijeron que sería utilizado en una pelea. Como consecuencia el gallo
participaría en una pelea que contaba con el entrenamiento ni la experiencia en
peleas, a pesar de su edad y debilidad, se enfrentará a un oponente más joven y
fuerte. La familia está profundamente entristecida por la situación. Para la
pelea un hombre prepara al carmelo para su enfrentamiento y con todo el dolor
de la familia al no poder ver al gallo. Se enfatizó la brutalidad de la
situación. Durante el enfrentamiento el Carmelo parecía estar en desventaja,
sin embargo, demostró coraje y capacidad de lucha. A pesar de las lesiones
durante el encuentro, Carmelo derrotó a su oponente. Como resultado Carmelo
regresa a casa como un héroe, feliz y celebrado por su familia a pesar de su
frágil salud. La determinación y el coraje que destaco en la batalla, lo que lo
convierte en un símbolo del orgullo familiar.
Referencias:
Google Books. (s. f.). https://www.google.com.pe/books/edition/El_caballero_Carmelo/RHAtAAAAIAAJ?hl=es&gbpv=1&printsec=frontcover
No hay comentarios.:
Publicar un comentario