ARCHIVO PDF
DESCARGAR https://drive.google.com/file/d/13CFX9aLw_8sdH1zyBaHszPcSfmNzN6Qq/view?usp=sharing
Era claro: algo raro pasaba.
—Esa borrachera de año nuevo no me dejó
resaca—se iba diciendo mientras caminaba por la arena—siento como si hubiera
dormido tres días—miró el horizonte y luego de un suspiro continuó—todos se han
ido, todos me han dejado solo.
Aún quedaban restos de botellas de licor, de
cerveza y botellas descartables con un líquido de color guinda. La playa estaba
desierta "parece que son las seis de la mañana". En realidad, no
estaba amaneciendo: el sol recién se había sumergido en la mar, él no percibió
ese detalle.
Se sentía más liviano, más limpio, más vivo.
Siguió caminando…
Un perro aulló, y cuando él lo miró a los
ojos este agachó la mirada como arrepintiéndose de haber hecho alguna
travesura. Volvió a aullar... Eduardo frotó sus manos, pues un viento fuerte lo
embistió. Otro viento, más fuerte aún, rompió el paisaje. El mar, la playa, las
botellas, el perro y el cielo se hicieron pedazos como un espejo roto por un
ebrio que no acepta lo que ha visto. Todo quedó oscuro.
Un claxon lo despertó. El espejo roto se iba
reconstruyendo, pero el paisaje era otro. Estaba en una esquina de la plaza de
armas de Trujillo. Se quedó parado un buen rato mirando el semáforo que estaba
en rojo "aquí fue en donde ella me regaló un abrazo" sintió una breve
paz. Miró a los costados "estoy solo". Miró sus pies, que estaban
descalzos, eso no le importó, pues al levantar la vista las calles estaban
desoladas. Él no percibió ese detalle. El espejo volvió a quebrarse…
La última esquirla reconstruyó una puerta
marrón que tenía un lazo negro "quién habrá muerto". Eduardo quedó
observándola fijamente con una gran angustia, como esperando algo. Luego miró
las paredes, que eran verdes, en donde estaba pegada una placa "Jr. D. de
Almagro 123" susurró sonriendo. Hasta que una carcajada lo asustó. Dio
media vuelta. Sentados en la vereda, con una botella descartable llena en la
mano y otras vacías en la pista, Alexander y Jesús conversaban.
—Ese Eduardo se hará extrañar.
— ¿Recuerdas cuando se iba a la universidad
con su botella de coca cola? Jajá
—Si Alexander, como olvidarlo—tomó tres
grandes sorbos de vino, luego de pasarle la botella continuó—tampoco olvidaré
cuando nos íbamos a tu casa con tres litros de vino a escuchar música,
conversar y llorar por esos malos amores.
—Ese Fante; si viviera ya estuviera tocando
esta puerta.
En ese momento los dos voltearon con una
sonrisa melancólicamente ebria. Eduardo se asustó. Luego les sonrió
enseñándoles el dedo medio pero ellos retomaron la conversación y siguieron
bebiendo por él.
1.
Pocas
veces veo a toda la familia reunida, desde la bisabuela Santos hasta el sobrino
Ernestito, se escucha golpes en la puerta. Salí a abrir y vi a un señor canoso,
de buen porte, y ojos verdes. Era mi tío Guillermo, junto a Él estaba una chica
muy hermosa, casi de mi edad, nunca la había visto. Salude a mi tío con un
abrazo y a la chica misteriosa, de la mano. Mi tío fingió no darse cuenta que
le pedía excusas por ella.
Mi
tío Guillermo estaba en la sala, dejo a la chica en la puerta, esperando.
-Y Guille que era eso tan urgente que tenías que decirnos- exclamo el
tío Braulio
-Bueno familia, esto se tenía que saber
tarde o temprano, les pido perdón a cada uno de ustedes por haber ocultado por
tanto tiempo esto, pero ha llegado el momento de decirles- dijo mi tío
Guillermo-con el rostro cabizbajo; tal cual condenado a muerte cuando va
dirigido al cuartel de fusilamiento- Tengo otra hija se llama Felicia.
Toda
la familia se quedó alelada por la noticia que había recibido tan abruptamente,
obviamente la más afectada fue la tía Lucía, la esposa de mi tío Guillermo, que
comenzó a llorar desconsoladamente.
Particularmente,
yo estaba calmado, mi tío Guillermo tan correcto, tan decente, revelarnos un
secreto que tenía guardado hace mucho tiempo- una noticia de esa magnitud-no
creo que haya manchado el concepto que teníamos de Él, más bien lo enaltecía.
¡Pasa Felicia! - dijo mi tío Guillermo. Y ahí estaba parada frente a toda la
familia, Felicia.
La
observe: alta, delgada, cabello castaño, ojos negros profundos, unas mejillas
sonrojadas, tez clara; hermosa en efecto, por donde se la mire. Toda la familia
tenía los ojos puestos en Felicia, mi “nueva” prima, la tía Lucia comenzó a
llorar con más fuerza. Me acerqué a Felicia y le dije: No tengas miedo,
tranquila, bienvenida a la familia. Felicia me dio una sonrisa de
agradecimiento.
La
familia no salía de su asombro y comencé a dar un discurso de esos que se dice
en momentos bochornos sobre que los hijos no tienen la culpa de nada- lo cual
hizo entrever mi falta de preparación para hablar en público.
Durante
toda la cena, atiborraron con preguntas a Felicia, desde su nombre; que no sé
porque se les había olvidado, su edad, procedencia, que hacía por la vida,
hasta sobre su madre. Lo cual Felicia respondía ecuánimemente con una
parsimonia que me dejo sorprendido.
Al
final de la cena cuando ya casi se había ido toda la familia, me quede junto a
mi primo Samuel; como en todas las reuniones familiares.
Salimos
a dar la vuelta, no queríamos tocar el tema de la hermana que se le había
adjudicado tan abruptamente a Samuel, pero salió.
-
¿Cómo crees que me siento? - pregunto Samuel y yo tratando de bromear le dije:
Feliz, tienes una hermana. ¿No?
-
¡Que imbécil eres! No viste a mi mamá, yo sospechaba que algo así ocurría,
incluso pensé que mi papá tenía una amante de muchos años, nunca pensé que
tenía una hija. Y seguí con la broma: Pero piénsalo bien, ya no eres hijo
único, eso es bueno, ya tienes alguien con quien ver películas, a tus veinte
años algo así creo que no te debe afectar tanto.
Samuel
me lanzo una mirada furiosa y se fue.
2
Samuel,
Ricardo y yo salimos como siempre en busca de aventuras nocturnas, por esas
calles, conocidas y recorridas por nosotros; más que primos éramos mejores
amigos. Tan distintos, que nos complementábamos, éramos como una sola persona.
Llegamos a la recta de centros nocturnos; vimos una discoteca recién inaugurada,
pero hubo algo en ella que nos llamó la atención, así que decidimos entrar.
Pedimos
un whisky con hielo, el ambiente
estaba bueno, la música igual, pero nos faltaba algo.
-
Ricky,
mejor vamos a otro sitio, como que se pone aburrido aquí-dijo Samuel
-
Me gusta este sitio,
además mira a tu izquierda.
-
¡Oh! Diablos que hará
ella aquí
-
Vamos y de paso le
decimos que nos presente a sus amigas- dijo Ricardo
Llevamos
el wihsky y ahí estaba, la prima
Felicia, guapa como desde el primer día que la vi. Sé percato de nuestra
presencia y nos llamó. De repente estábamos rodeados de hermosas chicas, las
mejores de la discoteca.
Eran
cerca de las 3 a.m. las chicas ya bailaban con desenfreno, fui al baño y cuando
regresé, mi “buen” Samuel, ya estaba besando a una chica. Provecho Samuel- le
dije
Me
sentía bien en ese grupo, pero se sentía un ambiente lúgubre desde el
bochornoso momento del beso, todos se miraban con recelo, miraba a la prima
Felicia con una cara desencajada, aunque trataba de ostentar una sonrisa, se le
notaba fastidiada.
Me
fui con Ernesto y Samuel, con su hermana
3.
Samuel
había prometido a Felicia llevarla a su casa; en el taxi, no se dirigieron la
palabra. Llegaron al edificio donde vivía Felicia.
-Samuel: ¿Deseas pasar?
Muchas
cosas pasaron por la mente de Samuel, talvez odiaba a Felicia talvez no, pero
mientras analizaba la pregunta de Felicia, por primera vez vio a Felicia como
mujer.
Llegaron
al último piso donde radicaba Felicia, vivía sola. Samuel oteo sigilosamente el
departamento, pintada íntegramente de verde, amueblada con una decoración
finísima, ordenada y limpia.
Ella
nunca espero que su hermano respondiera afirmativamente lo que le había planteado
en el taxi. Pero allí estaban: Los hermanos
Samuel
se acercó mucho a Felicia. Se vieron a los ojos, ambos irradiaban deseos
reprimidos. Comenzaron a besarse frenéticamente, con desesperación, como si
nunca hubieran besado a alguien, eran expertos, pero en ese beso parecían
bisoños.
Sabían
que lo que estaban haciendo estaba mal, pero no podían detenerse, no se habían
enamorado, pero tenían algo tan adictivo el uno en el otro que no podían desprenderse.
Solo
se satisficieron cuando los dos terminaron exhaustos, se miraron y se amaron
por el resto de la noche; no podían creer lo que habían hecho, parecía un
sueño, pero era real, tangible.
Salieron
de la casa y cada uno tomo rumbos distintos, sabiendo que, desde ese día, desde
ese momento, ya nada volvería a ser como antes.
4.
El
incesto entre los hermanos se prolongó por muchas semanas, algunos meses quizás.
A
Felicia se le veía con mucho asiduo en todas las reuniones de su nueva familia,
siempre tratando de encajar, en ese cumulo de personas que ni siquiera sabía
porque le trataban con cariño.
A
pesar de que Felicia ya tenía tiempo en la Familia siempre era la más acechada
en las conversaciones, donde se comenzaba a revelar que trabajaba en una
revista de modas de la cual era imagen, con la cual, en sus cándidos 19 años,
ya tenía un hermoso departamento y estaba ahorrando para la compra de un auto.
Aquellos
“nuevos” hermanos tan distantes, pero a la vez tan cómplices, ni se miraban en
las reuniones
Árbol contra el viento
Al fin han llegado los años
corriendo prontamente como caballos dorados o sueños
girando por la tarde descienden alegres sobre tu pelo
yo te beso mariposas en la lengua
lagartijas en los ojos
cuando contemplo mi rojo corazón en la membrana de tus espejos.
No quieras mirar atrás.
No corras detrás de la niebla.
No me llames cuando me asiente entre los bosques perdido.
Soy un animal salvaje sediento de tristeza!
Tus manos contienen profundidades marinas
donde monstruos bellos tuvieron el agua al nacer...
Quédate en mi casa, hermana mía,
y tejeré nocturnos para el santo cubil de nuestras s o l e d a d e s.
Clara
I
De entre las sombras de los árboles apareces de cuando
en cuando, aprovechando la lluvia,
la necesidad de volar
a la cima de las montañas entre halcones y bestias cerca del viejo cielo.
Conocer los secretos de tus ojos
y descubrir el aliento de tu voz
cuando posabas de pie sobre mis manos
es la prolongación de un recuerdo de hielo
estancado entre los valles diminutos del corazón.
II
La noche aquella en que dibujé palomas en tu pecho
y expulsé poemas por los labios,
por los ojos,
por los dedos y los dientes,
escribiendo entre tu vientre,
convertiste las fragancias del adiós en un aroma indescriptible.
III
Ángel de arena,
de sal, de agua y colores diversos;
múltiples mundos descubrimos cada hora, día, semana,
cada tiempo, lugar,
cada año que se va…
cada aurora,
cada noche,
cada sol y un crepúsculo eterno entre estas nuestras tardes otoñales.
IV
Oh señor, ¿Qué será cuando el silencio penetre la cordura y el signo
florezca como rosas en primavera?
¿Qué será cuando te busque desesperado por el cielo y por el mar,
debajo de las rocas en Huanchaco,
una a una,
entre caballos de totora,
en medio de una ola,
cuando muera un poco por tu pelo?
V
Oh, mujer diablo.
Tu cabello entre tu blanca espalda contienen los enigmas de
mi existencia.
¡Valen las promesas si juntos somos ovejas del mismo
rebaño!
Con el fuego vespertino de los astros
frente al espejo melancólico de los hombres
mi fe se acrecienta
e intuyo los enigmas de las cosas simples.
¿Qué partitura nos diera el aire si acaso despertara una mano
del hombre junto al corazón del sol?
Atravieso el umbral del mundo
y las vertientes maravillosas de la vida, pisoteando una cáscara de
luna, en la semilla de los frutos nuevos.
Por el horizonte, las gaviotas vuelan altas
tras un cielo nublado
como el vidrio húmedo de la piel carnosa.
El aire es la inconsciencia de los muertos:
el viento vierte
el aroma de la Tierra:
un sabor a café, una amarga victoria:
la sal de las gotas hondas
cae silenciosa sobre el mar.
Todas las almas vendrán crucificadas al mar.
Entre tanto que la frente oscurecida se nos aja,
la última noche del mundo fui a dar mi alma donde un bosque frondoso,
con la frescura amable de los pecadores.
¿A merced de quién el canto de las aves
el calor de Mercurio
las hojas de Otoño
bordearán el lago de la eternidad?
Las huellas
del peregrino que nada teme y que nada espera
revelarán el cielo verde para la dicha.
El cielo es el universo, el mar la nada.
¿Quién nos protege del terror y el ensueño- del arte
de Dios-;
de las desdichas de los hombres justiciables
que loan los quehaceres de la lid divina?
Con la ceniza del cuerpo el tiempo fluye
tras un río coronado de miel...
El peregrino hallará los puertos de la conciencia
alborozado como las fuentes primigenias del viento.
La fascinación gravita en la penumbra
del sueño y la concordia…
Cuando la belleza animal se dore con la arena,
la lluvia, oh reino, será también de arena.
El sol es un punto sin color en la primera mañana del mundo.
Poema
Despacio, contraes el espíritu en una partícula de
aire
cuando el dorado perfecto del oro derretido
el sol arroja a los ríos de las mañanas.
La Tierra es una naranja pero no dulce.
Las gaviotas y los mares se conjugan en una procesión eterna
cuando sobre la arena desnudas los secretos que ocultas entre las ropas.
¿Por qué de entre tus manos no borbotan los bosquejos del amor
si entre las profundidades de los abismos me encontrarás junto a mis perros
y los posibles horizontes?
La fascinación de tus ojos entre mis ojos no conservan ni ton ni son
de los fantasmas del ayer;
piedra o mandarina quemada.
La gloria de mis desquiciadas manos bordeando tus caderas
es la promesa de un itinerario continuo;
libro y cigarro languideciendo.
Escuchar atento las plegarias del adiós es tal vez
los ahogos de un suspiro;
corazón y flecha colgada.
Amaneceres oscuros construyen las vidas fáciles
mas entre el calor de tus manos
y nuestro mágico delirio somos rosa en el camino,
pelota en la escalera,
locura entre la cordura,
TV prendido y sin antena.
Las llaves del silencio
y la insania del amor
por decir la fuerza y el color
son tus piernas y gemidos
las puertas y latidos
las sonrisas del olvido
juntos enterrados.
Howard Varas Arteaga
Abogado y escritor. Ha publicado la novela juvenil
“Necesito un abrazo o un balazo” (2009) y el libro de cuentos “La última hora
de ejecución” (2017). Obtuvo el segundo premio en la II edición de los juegos
flores organizado por la Universidad Privada Antenor Orrego en el género poesía
(2013), y el primer puesto en el concurso nacional de cuento “German Patrón
Candela” (2014). Es autor del ensayo jurídico titulado “Responsabilidad civil
por hechos de tránsito: el SOAT como contrato comercial y socialmente
solidario” (2017).
En algún lugar recóndito de la tierra, existía una niña
callada de diez años que fue concebida con el nombre de Luna Lila. La pequeña
vivía en una cabaña y su abuela era quien le brindaba la educación. En ese
entonces Luna o como más le gustaba que la llamasen, Lila, no había conocido a
su padre. Algo triste para alguien de su edad, pero el haber encontrado una
rana de color azul, hizo que ella olvidara aquel vacío y que dejara de
preguntarse sobre dónde estaba su querido papá.
Ella se parecía mucho a su madre, la cual se llamaba
Ramona; aparentaba un poco más de treinta, pero su extraña esencia la hacía ver
infinita. Y no es que ella fuera alguna especie de mujer vampiro o licántropo,
solo que era una hechicera o como ella prefería ser conocida: “la bruja de las
ramas”. Dicho nombre se lo ganaba por la forma de su magia; pues para que ella
pudiera realizar cualquier encantamiento, sus manos debían volverse unas ramas,
dado que de esas mismas salían las órdenes para que las raíces de la tierra
escucharan atentamente a sus pedidos.
Sin embargo, su vida, no era tan simple como se podría
pensar. Porque, aunque no pareciera, Ramona, no encargaba a Luna con su abuela
para evitar cuidarla, sino, que lo hacía por la peculiar forma de vida que
llevaba. Ya que, si ella no salía a recolectar “poder”, es decir, energía para
su cuerpo que obtenía a través de consumir los árboles y las plantas de ese
mismo bosque; su muerte sería repentina y se convertiría en un simple trébol
duro insignificante, que permanecería encerrado dentro de un cristal para
siempre. Y, nunca más podría volver a optar la condición de una mujer humana
otra vez.
Por lo que, esa era la razón por la cual, Luna, era
criada por su abuela, y por qué casi no veía a su mamá. Pues, mientras ella
aprendía sobre las constelaciones y la historia de los filósofos más ilustres,
Ramona se encontraba comiendo el bosque donde vivían para sobrevivir. Además,
no hace falta decir que Luna no sabía nada. La pobre pequeña en su vacío,
pensaba que la vida tenía colores y que la historia, era como un adolescente
prematuro que nunca aprendía de sus errores por los caprichos de su mente.
Sin embargo, había algo en la cabaña, algo que no le
ayudaba a seguir creyendo en el sol como lo conocía. Pues, dentro de ella,
sentía que detrás de esa cortina roja que se encontraba al fondo de la casa,
algo se escondía; algo que ella sentía que la llamaba y la percibía. Lila jamás
había querido intentar cruzarla, pues nunca se había preguntado por qué eso
estaba ahí; pero ahora la pregunta que ella se hacía, era por qué tenía el
sentimiento de al fin querer saber.
Por lo que una noche decidió entrar y dejar atrás
cualquier miedo. Ella misma decidió que tenía que levantarse de la cama, y
pasar como un fantasma para no ser oída por su abuela. Pero en la oscuridad de
la noche, cualquier destello alucinógeno que pueda parecer imaginario, puede
engañar a una niña de tan solo diez años:
-Lila, cariño. ¿Qué haces despierta? - preguntó la abuela
al mirarla descalza y con unos ojos saltones.
-Abuela, ¿dónde está mamá? -Lila contestó con otra
pregunta.
-Me temo que sigue trabajando...
- ¿Trabajando? ¿En qué? -Lila la miró con ojos de duda,
pero la abuela mostrándose consternada, calló.
- ¡¿En qué trabaja mamá, abuela?!-Lila gritó al sentir
que los sonidos de la naturaleza comenzaban a sonar cada vez más claros en sus
oídos.
Luna comenzó a ver borrosa la habitación y fue cuando de
sus orejas, la sangre comenzó a caer. La abuela solo se quedó atónita por unos
segundos, para luego sostenerla y llevarla a justo donde ella quería estar;
hacia atrás de la cortina roja...
-Abuela, ¿qué pasó? - dijo Lila al levantarse como si
hubiera tenido una contusión.
-Querida, tuve que drogarte, me hacías preguntas; pero yo
sabía que las respuestas a todas ellas no iban a poder ser explicadas por mí,
si es que tú no las veías con tus propios ojos.
- ¿De qué estás hablando? -Lila se sobó los ojos para
poder mirar más claro.
-Haz cumplido 10 años como hace dos meses; la naturaleza
es sabia, y recientemente ella intenta hablarte. Quizás, fue la droga la que
hizo que te sangraran los oídos, pero la verdad es, que eso nos pasa a todos
cuando al fin escuchamos el llamado.
- ¿Llamado? ¿Abuela, de qué estás hablando? ¿Y, por qué
todo está apagado?
-Es porque sé que al fin quieres entender cómo te
sentías. Estás tras la cortina, y es momento de enseñarte la historia de la
familia y el legado que te corresponde. Aquí se guardan las memorias, aquí se
guardan los recuerdos y los pecados de todos nosotros. Somos hechiceros, Lila;
y cada uno vive ciego hasta cumplir los diez años; pues es cuando al fin, según
las reglas, se le puede otorgar la consciencia al hechicero de conocer su
pasado. Por eso es que no puedes recordar nada; por eso es que sientes un
vacío, pero es también por eso, que puedes sentir la inocencia de todo.
- ¿Hechiceros? Abuela, pero yo recuerdo historia,
ciencia; las materias que me enseñaste y los juegos con la rana azul... ¿Por
qué me dices que no puedo recordar?
-No lo que vives en el presente, Lila; sino lo que
viviste desde que llegaste. Lila quedó en silencio, y de las manos de la
abuela, nubes púrpuras salieron flotando como si formaran un baile en el
espacio:
-Estos son espejos, cada uno tiene un nombre. Ese es el
de tu bisabuela, mi madre. Este es el de tu padre; este es el de tu prima Daka;
este es de tu madre; este de tu tío Arthur... Y bueno, para no hacer larga la
línea. Este es tuyo, querida. Este es tu espejo, debes entrar para ver toda la
línea temporal que vives...
- ¿Cómo nacimos hechiceros? - Lila intervino antes de que
la abuela pudiera terminar la última palabra, mientras se quedaba asombrada al
ver espejos flotantes que parecían portales de colores brillantes.
- O, ¿cómo nos volvemos así? Digo, tú me has estado
enseñado de arte, historia, ciencia... Y estas cosas no eran más que mitos
dentro de los libros.
- Lila, hay leyendas que creemos que son mentiras, pues
el hombre siempre intenta inventar algo para explicar lo que no puede. Sin
embargo, nosotros no fuimos creados por nadie, ni tampoco nacimos siendo lo que
somos; solo fuimos una deformación de la naturaleza que se cometió por error, o
si quieres llamarle destino, no soy quién para retenerte. Hay cosas dentro de
este mundo, que nunca terminaremos de entender; pero solo habrá algunos que sí
lograrán hallar ciertos misterios. Y esa fue tu tátara-abuela, la madre de mi
madre. Era 1550, cuando ella decidió salir a caminar por este mismo bosque. Le
gustaba recolectar flores, alimentar a los venados o a las ardillas que
encontrara. Pero, nunca imaginó que el beber de una laguna la haría cambiar
para siempre.
-Me estás diciendo, ¿que ella bebió de una laguna para
volverse hechicera?
-Te estoy
diciendo, que tu tátara-abuela, a tu misma edad, bebió de un agua que no debió
tomar.
- Pero, ¿qué le pasó? - ¿Por qué no entras a su espejo, y
lo averiguas? - le incentivó su abuela.
-No.…, creo que entiendo. Ella bebió, pero después cayó
perdiendo el conocimiento.
-Buena deducción, pero ahora te diré lo demás; ya que sé
que no podrías acertarlo. Pues, luego de que tu abuela se desmayara, permaneció
inconsciente durante unas tres semanas, casi un mes; escuchando voces en su
sonámbulo estado, en las cuáles, reglas específicas se le daban; para que
cuando al fin despertase, viera unos pergaminos sueltos bajo una roca en los
que comenzaría a escribir la historia, los hechizos, cómo crear estos espejos,
cuándo brindarle los recuerdos a los siguientes que vendrían, y todo lo demás
que ya irás conociendo.
-Entonces, mamá es una bruja, y tú también... Pero, ¿por
qué te ves mucho más adulta que mi mamá, abuela?
-Porque tu bisabuela, no quiso que bebiera del agua. No
fue hasta cuando murió, cuando al fin pude hacerlo. Y supe desde ese momento,
que no le podría negar eso a mi hija; y por eso que tu madre no aparenta sus
años.
-Pero hay algo que aun no entiendo, ¿y papá? Si somos
eternos, ¿dónde está papá?
-Lila, en los libros de historia y de poesía; tú
entendiste que existe el bien y el mal. Para los hechiceros, esa naturaleza
también aplica. El bien es para pocos, y el mal es como una ramera que engatusa
al más débil. Y tu padre, lo fue.
-No comprendo abuela. - pronunció Lila con una voz que
parecía estar predispuesta a llorar.
-Lila, es momento de que entres a tu espejo y vuelvas a
hacer tuyos todos tus recuerdos.
- ¿Pero, no sería mejor si hiciera eso después de beber
de la laguna?
-Ay niña, acaso, ¿no me entendiste? Tú ya estuviste
ciega, tú bebiste de la laguna cuando apenas eras una bebé; queríamos
asegurarnos, porque nuestra forma de vida es subsistir, ya lo entenderás...
Lila bajó la cabeza, y siguió mirando el espacio de unos
espejos flotantes que nunca pensó que en algún momento de su vida miraría. Tomó
aire, pero antes de siquiera cruzar la aleatoria paleta de colores de aquel vidrio,
los gritos de una Ramona exaltada invadieron el cuarto:
- ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Lila! ¡Apártate de ahí! ¡No
quiero esta vida para ti! ¡¿Acaso estás loca madre?! ¡¿Eres consciente de que
si ella recupera la memoria se habrá completado la transformación?! ¡Ella no
merece vivir así!
- ¡No sabemos qué tipo de hechicería tendrá! ¡Quizás no
deba vivir comiendo bosques para la eternidad! ¡Quizás solo bastará que respire
el aire de los humanos! - gritó la abuela en un intento de alejar a Ramona de
Lila.
-Hija, Lila, escúchame, apártate; esto no es para ti. He
vivido dos siglos con tu abuela, vivo comiendo bosques, absorbo la energía de
las plantas porque si no, no podría seguir viva. No quiero que vivas una eterna
miseria en la que debas estar permanentemente robando energía de lo que te
toque como fuente de poder.
Lila no volteó para verla ni por el rabillo del ojo, pues
la luz del espejo la llamaba. Y los gritos de su abuela y de su madre no eran
más que un fondo borroso que Lila iba distorsionando, en cuanto más dejaba
pasar a la voz de una melodía que le cantaba que lo hiciera.
- ¡Lila! - fue lo último que escuchó la pequeña para
adentrarse en el espejo y así completar la transformación de su nueva vida. De
su nueva vida como una hechicera...
BIOGRAFÍA:
Isabel es una joven peruana de 18 años que cursa el
segundo ciclo de la carrera de ciencias de la comunicación en la Universidad
Nacional de Trujillo.
Su inspiración para comenzar a escribir fue la escritora chilena, Isabel
Allende, así como sus hermanos. Empezó a escribir desde que tenía cinco años de
edad en diarios pequeños sobre los viajes que realizaba con su familia. Para
luego, años más tarde, comenzar a escribir en una plataforma virtual denominada
“Wattpad”. Actualmente, publicó algún poemario con un contenido de 5 poemas en
una revista virtual que se titula: POLÍMATAS.
En el futuro, pretende ser una gran escritora, y como no, una buena
periodista.
De mí para en ti
“Es lo
mismo inteligir y ser”
Parménides
De mí para en ti
son mis plegarias
una canción
codificada
en el muslo de una
tromba
y la flor en
constante reposo
Carcasa
límite del augurio
vaso cesante
¡aquí mi corazón!
Signos
incorporados
violentos
testarudos
placer agonizante
¡aquí mi corazón!
De mí para en ti
como una vena
desprendida
de lo más profundo
del nudo
que me ata para no
tocarte
tristemente
acude a ti para
buscarse…
y no se busca…
Entis
Plenitud a montón
te ha llamado
con todos los
nombres imaginables
porque me has
soñado
y con el sueño
me he arrimado a tu costado
“No hay que pensar
dos veces y ser feliz
para tumbarnos en
la sal de la tierra
a palpar lo que
poco extrañaremos
(…) si lo otro
subsiste a nosotros”
sentenciaste fielmente
sin modificar la
precariedad de las cosas
ni el
deseo aun
por eso te creí…
Te miro
“El
camino hacia arriba
y el
camino hacia abajo
es uno
y el mismo”
Heráclito
Te miro
y erosionas
junto a la vejez
de las piedrecitas
mojadas de mi
pecho
Me miras
pero ya has pasado
Pasto rocío
Piel en fragor
cae ahora mientras
puedas
sobre mi espalda
empedrada
y trazada como
viruta
ahora que no
importa nada
ahora que ya nadie
habla
más que el camino
solo tú
Me gusta ser árbol
para perder tu
manzana
en invierno
después de otoño
y sembrar el soplo
de los pájaros
que vuelan hacia
el horizonte
donde amanece
Cielo
turbio redondo y
húmedo
¿Cuándo fue que dejamos
de ser jardín?
La esfinge
Si el poema es
¿el poeta dónde
está?
Se ha descarrilado
y caído
al hoyo que
atraviesa su boca
en las entrañas
del vacío
de la superficie esferoidal
O las esfinges
supremas
que dormitaron sus
palabras
se rehusaron a ser
metáforas
de algún sueño
posible
pero intransitable
y lo han
despellejado
para observar lo
que es
al interior de la
pared
dura como el marfil
Al acercarse a la
verdad
quedaron
aniquiladas
por el suspiro
torrencial
que esbozó de su
alma
incontemplada /
impiadosa
de tantos años
callar
Vientos fluviales
que trazan la
noche
en fría cosmogonía
olvidándose astros
a su distancia
irrumpen el
silencio
con una voz lenguaraz
que pronuncia
y pronuncia…
El poeta también
es
pero no está
Quién el culpable
si no la esfinge
de su palabra
que lo convirtió
en signo
o síntoma de
penumbras
y miserias
de ganas de vivir
jamás
Desde luego que es
porque ha cruzado
el río
sobre piedras caminando
en el sueño
Miró la naturaleza
de cerca siempre
completa
y se echó a andar
Mas nadie continuó
El poema
como su voz o
aliento
ahora es el
lenguaje del pueblo
lenguaje que goza de
una poesía
a la espera por
participar
en las contadas
fantasías
de un cielorraso
que a solas vemos
con los ojos
cerrados