¿Hasta cuándo los
niños tendrán que cargar con injusticia y sufrimiento, siendo víctimas de una
sociedad que normaliza la explotación y la violencia? Esta pregunta abre la
reflexión sobre una realidad que, aunque dolorosa, sigue presente en distintos
contextos sociales. Julio Ramón Ribeyro (1929–1994), escritor peruano, estudió
Letras y Derecho en la Universidad Católica del Perú y posteriormente en
Europa. Se desempeñó como narrador y diplomático, y es considerado uno de los
cuentistas más importantes de la literatura latinoamericana. Su obra se
caracteriza por retratar la marginalidad, la pobreza y las injusticias que
afectan a los sectores más vulnerables. Entre sus relatos más reconocidos se
encuentra Los gallinazos sin plumas, publicado en 1955. Este texto aborda la
explotación infantil y la violencia familiar en un entorno marcado por la
pobreza extrema.
La explotación
infantil es una realidad que se refleja en múltiples obras literarias y
testimonios sociales. En el relato se observa cómo “Don Santos explota a sus
nietos para obtener una retribución” (Serrano, 2020, párr. 4). Esta situación
muestra la crudeza de un sistema en el que los niños son utilizados como mano
de obra, perdiendo su derecho a la infancia. El hecho de que un abuelo, figura
que debería proteger, se convierta en explotador, evidencia la normalización de
estas prácticas en contextos de pobreza, La explotación infantil no solo les
roba la niñez, sino que perpetúa un círculo de desigualdad y sufrimiento. Esta
realidad se muestra en la narración en el siguiente hecho: “tenía el pie
hinchado, no obstante, lo cual prosiguió su trabajo” (Ribeyro, 2021, p.3), se
revela la presión que obliga a los niños a continuar trabajando aun en
condiciones de dolor físico. Este ejemplo refleja la falta de alternativas y la
indiferencia social frente a la vulneración de sus derechos. Surge entonces la
pregunta: ¿qué responsabilidad tiene la sociedad al permitir que un niño
trabaje en condiciones que atentan contra su salud y dignidad?
La violencia es otro
aspecto que destruye la infancia. “El maltrato en los niños, ejercido para
satisfacer las necesidades de otros” (Torres et al., 2024, párr.3), muestra
cómo la agresión física y emocional se convierte en un medio de control y
descarga de frustraciones. Este tipo de violencia no solo daña el cuerpo, sino
que también quiebra la confianza y la seguridad emocional de los niños. En la
obra se describe: “Los golpes comenzaron a llover-. ¡A levantarse haraganes! …
¡Esto se acabó! ¡De pie!” (Ribeyro, 2021, p.6). Aquí se observa cómo el castigo
físico se utiliza como método de disciplina, imponiendo miedo en lugar de
respeto. La violencia familiar perpetúa generaciones enteras de sufrimiento y
desigualdad, dejando huellas profundas que acompañan a los niños en su vida adulta.
La infancia, que debería ser un espacio de cuidado y protección, se convierte
en un escenario de miedo y dolor.
La pobreza extrema
también marca la vida de los niños, “limitando sus oportunidades y
condenándolos a la marginalidad. La desigualdad de oportunidades” (Olivos,
2017, párr.3) refleja cómo la falta de acceso a educación, salud y desarrollo
perpetúa un ciclo de exclusión. No se trata solo de carencias materiales, sino
de una negación sistemática de un futuro digno. En el relato se menciona que
“Efraín y Enrique pronto… formaron parte de la extraña fauna de esos lugares”
(Ribeyro, 2021, p.3). Esta metáfora deshumaniza a los niños, mostrando cómo la
pobreza los convierte en seres invisibles para la sociedad, obligados a
adaptarse a ambientes hostiles que les roban su infancia. Ante esta realidad,
la cuestión fundamental es: ¿qué mecanismos reales existen para que los niños
pobres puedan escapar de la marginalidad y acceder a oportunidades que les
permitan transformar su vida?
En conclusión, la explotación
infantil en la sociedad se manifiesta a través de la violencia familiar y la
pobreza, perpetuando un círculo de sufrimiento y desigualdad. La obra de
Ribeyro evidencia de manera cruda y poderosa estas tres realidades que
atraviesan muchos niños: la explotación infantil, la violencia familiar y la
pobreza extrema. La importancia de este relato radica en que expone cómo la
pobreza no es solo una carencia material, sino una fuerza que deshumaniza a los
niños, convirtiéndolos en seres invisibles para la sociedad y obligados a
adaptarse a ambientes hostiles que les roban su infancia. Esta situación de
marginalidad y sufrimiento, ejemplificada en el hecho de que un abuelo se
convierta en explotador, evidencia la normalización de estas prácticas en contextos
de miseria.
REFERENCIAS
Olivos, S. (2017). Crítica: Gallinazos. Oficio
Crítico. https://eloficiocritico.blogspot.com/2017/12/critica-gallinazos.html
Ribeyro, J. (2021). Los gallinazos sin plumas. Editores impacto cultural.
Serrano, J. (2020). Americanismos
en “Los gallinazos sin plumas” de Julio Ramón Ribeyro. https://revistas.apl.org.pe/index.php/boletinapl/article/view/298/1016
Torres,
D. C. Torres, L. Guerrero, N. (2024). El
maltrato infantil en la obra “Los gallinazos sin plumas” de Julio Ramón Ribeyro.
https://www.lectura-abierta.com/el-maltrato-infantil-en-la-obra-los-gallinazos-sin-plumas-de-julio-ramon-ribeyro-no-somos-objetos/
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