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lunes, 1 de mayo de 2023

ERASMO ALAYO - 3 POEMAS



 



SÁBADO TAMBIÉN ES DE PASIÓN

3

Lo que más me duele Madre

es que

hayas perdido la memoria

y con ello

me hayas perdido a mí. 

Yo habitaba tu memoria

y también he muerto.


12


Cojo en mis manos la lluvia 

y sé

que alguien me sigue amando. 



LOS PASOS AMURALLADOS


Éramos simplemente unos muchachos asustados

Cercados de terribles murallas

Allí dentro

Soñábamos cada uno una aurora para todos.


Éramos simplemente unos muchachos desesperados

Amurallados los sueños

Con amenazantes alambres de púas

Allí dentro

Cada uno espinó sus manos

Buscando afanosamente una salida


Éramos unos muchachos oficialmente olvidados

Que queríamos simplemente vivir y morir

Como se vive y se muere en el Tercer Mundo

Pero nos cercaron con una guerra sucia

Allí dentro

Cada uno germina en su tumba un árbol de frutas

Donde cantan y comen los pájaros de paz.



Madre:

Hay un lugar donde no has muerto:


un río de aguas lavadas en tus amaneceres

un camino necesario a tiempo completo

un viejo fogón que repite tu amor

una noche que despierta tu ausencia 

unas manos que empiezan el verbo

una carta extraviada en algún libro

una campana que pregunta en alta voz.


Hay un lugar donde vuelves a nacer:

un niño aprende tu nombre para no envejecer. 






domingo, 30 de abril de 2023

ALFREDO MURILLO - MASSENGEAB (POEMA)

 


Massengrab

 

Por las mañanas

el Sol es una negra moneda devaluada:

cuando despierto, me acompaña la copiosa y metálica basura

de Amazon y Google, pereza compacta y sanguínea

brillando en cerebelos y calles;

 

por las tardes la ciudad

es un yonki paranoico y lageado,

no hay glándula ni puerto usb

que resista el libre albedrío;

 

empero, el escaso y costoso 

zumo de sampedro que bebo por las noches

genera recuerdos holográficos

que preceden a la Gran Tormenta Solar del 2092:

 

Contemplo pájaros de agua, gentes saludarse;

 

oigo gallos cantar su espíritu de puente

su adánica locura:

 cocaína, putas, curas sin cabeza

alternando

psicodélicas

                                          junto a                                         

  papayas, bizcochos, abuelas;

 

la locura es mago de profundas borracheras

soñando vastas fiebres del Mesías;

la Tierra es amplio y fértil paraje de contradicciones,

el futuro pestañea como niño.

 

Desde que la lluvia ácida devastó mi cerebro y mi edificio,

gotas concentradas de carne de cannabis

que aplico en mis ojos fatigados

posibilitan que mis nervios panasonic contemplen

verdes prados muertos y dormiten

 

como ahora que sobrevuelan

enormes helicópteros equipados

con neurogepeeses

vigilando el hipotálamo

 

de humanos, cyborgs y androides.

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Autor: Alfredo Murillo







 

martes, 14 de febrero de 2023

Eduardo Saldaña - Mi generación.





Mi generación escribió sus primeros sueños sobre muros gastados, cuando la luz todavía significaba, una posibilidad de acercarse al descubrimiento de astros que son el rostro de niños perdidos. Mi generación conoció la ausencia de palabras, gritando desesperados en la madrugada al descubrir que su vida, solo era la reencarnación de otra vida. Mi generación fueron los amigos que venían a verme con rayos de sol en el aro de sus bicicletas. Mi generación fue un caballo de cristal llorando en el agua. Mi generación fue una muchacha elevándose al cielo que talló la belleza de los animales prehistóricos en las huellas de mi piel. Mi generación se enamoró tantas veces que, desde sus pechos encendidos, se oía el ritual de una tribu salvaje entrelazando todas las venas abiertas de América. Mi generación es Lui, dibujando el mejor recuerdo de su infancia con trazos encenizados en un lienzo lunar. Joe, dejándose crecer los cabellos como un felino descansando juanta a la hierba y el canibalismo de sobrevivir a uno mismo. Leslie, con un libro japonés entre las manos, recitando: desaparezco/ tras esa montaña azul /yo soy el cielo. Renzo, atravesando la carretera del fin del mundo sobre el lomo de un animal disecado. Ale, resolviendo la teoría de la relatividad, hasta comprender que todos los universos paralelos nacen de su palma abierta. Renatto, interpretando los cánticos más antiguos para soñar con un idioma que a todos les pertenezca. Jhones, diciéndome que había descubierto la piedra blanca de la locura capaz de separar este mundo con el submundo. Amós, leyendo profecías secretas en las escamas de los peces de fango que ardían contra los bosques de nuestros ojos. Raquel, volviendo a los parques donde nos desvelábamos juntos, señalando que la eternidad consiste en contemplar las hojas de un árbol milenario sin dejarlas caer. Osmar, confesándome rumbo a los mercados más desahuciados, que las piedras harían profecías por nosotros si acaso negásemos ser los hijos de los hijos de dioses menores. Alessandra, con sus gestos bautizados por los cinemas futuristas proyectados en cualquier reverso del cielo donde florecerán girasoles como lágrimas creando eclipses modernos bajo reflectores de auroras boreales a lo lejos sin censura . Maryo, reconstruyendo el mundo de donde siempre olvido dejar la puerta abierta, porque las esquinas son sus ojos mirándome como si el tiempo no nos desconociera. Arlis, arrancándose las rosas que le tiñen los labios cuando recuerda todo lo que ya jamás será. Gustavo, en un bar con luces de neón levantando su vaso y brindando por los años que vendrán. Porque mi generación está llena de jóvenes inolvidablemente noche, inolvidablemente sueño, inolvidablemente música, esperando lograr todo lo que un día me contaron en un amanecer detenido, mientras hablábamos sobre las futuras generaciones.

 

 

 

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Eduardo Saldaña. 




sábado, 21 de enero de 2023

Steeven Johannes Flor Pio - Florentino Paz y Cielo Violeta - Cuento.


 

Florentino Paz y Cielo Violeta.


Temprano por la mañana, Esteban Florentino Pax se despertó con la imagen que reflejaba su espejo colocado a lado de la cama. Trató de ponerse de pie, pero sus extremidades desgastadas no se lo permitían. ¨Quizá si vuelvo a dormir me levante con más fuerza¨, pensó. A los minutos, Cielo Violeta, su esposa de 74 años, entró al cuarto y encontró a un hombre de avanzada edad, vencido por el peso de sus recuerdos difusos y conmovido por su vitalidad mermada. Había olor a muerte, melancolía y despedida en aquella precaria habitación, ¿era una premonición? Faltaban solo 10 minutos para la hora del desayuno. Al disponerse a servirse café se dio cuenta que el sobre estaba casi vacío. Florentino Pax comió un huevo duro, uno solo, despacio, sin prisa. —¡Qué cansado es el trabajo que he conseguido! —se dijo—. No tenía ningún trabajo. Era, en realidad, un recuerdo del pasado traído al presente. 

A los pies de la Bella Durmiente, conjunto de montañas en Tingo María que moldean la silueta de una mujer acostada boca arriba mirando las nubes tingalesas, Esteban Florentino Pax, presidente de la República del Perú entre 1972 y 1980, en una casita rústica, tenía una pollería con 4 mesas y cantidad similar de comensales. Antes fue el almacén del mayor de sus hijos, pero ante la crisis económica familiar se tuvo que adecuar un ambiente para el negocio de comida y, separados por una plancha de madera, dos cuartos sin amoblar. La pollería se llamaba ¨El Elegido¨. Siempre se sintió así: un elegido. Hasta hace no mucho se encargaba de asumir el rol de cocinero, mozo e incluso, cuando largas noches El Elegido se encontraba vacío, el rol de comensal. Pero sus problemas cardiacos, sus muslos debilitados, los ataques de paranoia y la demencia senil que lo agobiaba, lo habían obligado a contratar empleados, quienes recibían el sueldo mínimo. ¨Yo fui el último cojonudo que subió el salario mínimo, si no fuera por mí ustedes ganarían 150 soles menos¨, les decía a Maximiliano y Bulnes, trabajadores de la pollería. 

Cuando joven obtuvo unas becas académicas y realizó pasantías prolongadas primero en la Universidad de París IV Sorbonne y posteriormente en la Universidad Complutense de Madrid. Recordaba con lucidez que el 25 de setiembre de 1956 se recibió como profesional del Derecho, pero no precisamente esa fecha había quedado grabada en su memoria por ser el día de su graduación, sino porque ese día conoció a Cielo Violeta, jovencita delgada, sonrisita coqueta, personalidad atrapante, su esposa, su gran amor, la moderadora de aquel evento. Ciertamente ya ningún tema le interesaba más que la compañía permanente de su esposa, que a esas alturas de su vida hacía las veces de enfermera y cuidadora a tiempo completo, ni siquiera los juicios que tenía pendientes en las cortes nacionales y supranacionales por crímenes de lesa humanidad y violación de derechos humanos. 

Florentino Pax pasaba sus días en constante precariedad y una modestia permanente ajena a sus lejanas pretensiones de joven. Atrás quedaron los días de mítines multánimes en la Plaza San Martín de Lima, sus discursos cáusticos citando a García Lorca y la ovación de la masa que veía en él a un joven político ajeno al establishment desacreditado. Representaba la promesa de un futuro para su pueblo. Su principal arma era su verbo colosal y su discurso flamígero. Durante su estancia en el Congreso Constituyente se había posicionado como líder de la oposición al gobierno de Fernando Bermúdez Terrones, neoliberal de derechas, librepensador, quien tenía el alto mando de Gobierno por segunda vez, luego de haber recibido un golpe de Estado por parte de las Fuerzas Armadas el último año de su primer gobierno. Florentino Pax era inmisericorde en sus críticas al gobierno de Bermúdez y la población, cual ola enorme que se acerca a la orilla, se hacía adepta a sus planteamientos basados en el ¨Frente Único de Juventudes¨. ¨Esta consciencia nacional la he recogido a lo largo de todo el Perú, como un solo grito, como una sola voluntad. Es la voz del pueblo peruano, que en su momento de mayor miseria y dramatismo encuentra en nosotros una esperanza¨, proclamaba convencido ante la muchedumbre que lo escuchaba con atención y júbilo. ¨He escuchado al presidente de la República decir en Áncash que la producción del Perú sigue avanzando a ritmo acelerado, que la prueba está en que las compañías cerveceras han aumentado su producción. Yo no sé si el presidente estaba bajo los efectos de esa bebida, o no sabe que quizá el pueblo bebe más para olvidar las penas que le causa este mal gobierno¨ sentenciaba. 

Se presentó a las elecciones del año siguiente proponiendo una revolución en democracia, justicia social, progreso nacional, la reivindicación de la Peruanidad como bandera del Perú ante los demás países de la región. Ganó las elecciones avasalladoramente en primera vuelta. Sacó el 66 % de los votos. Fue un aluvión. Era el hombre de la hora, tenía una cita con la historia. Tenía tan solo 37 años. En su discurso inaugural frente al Parlamento sostuvo con emoción: ¨Pueblo del Perú, hice de mi campaña un grito de esperanza, ahora te pido que ayudes a hacer de mi gobierno un acto de fe¨. Esteban había concluido que, a lo largo de la historia republicana, los más amplios sectores sociales y las mayorías nacionales sentían poderosa atracción por los ¨hombres fuertes¨, gobernantes autoritarios que garanticen ¨seguridad¨ antes que libertad y él se esforzó —quizá de manera inconsciente— por seguir esa línea cuestionable de gobierno, por tener ¨mano dura¨. 

En el poder el tiempo pasó muy rápido. Fue un frenesí. Su gobierno fue malo, malísimo. Ahondó la crisis social y económica del país, grupos subversivos generaban caos y muerte, había escasez y devaluación. Peruanos emigraban a otros países y las protestas se generalizaron. El coronel Aliaga Paredes, de mirada de búho y sonrisa de oso, alto de estatura, pero de espalda encorvada, intentó darle un golpe de Estado la noche previa a la Navidad de 1976, pero fue detenido por un grupo paramilitar y asesinado en Huaycán escondiendo su cuerpo en el cerro Fisgón. No sería un hecho aislado. A lo largo del gobierno de Florentino Pax se asesinaron opositores políticos, a los que él, con sorna, llamaba ¨silenciados políticos¨. Era consciente del rumbo que había tomado su mandato, le pesaba, pero lo sobrellevaba; no obstante, en 1978, una tarde del verano de marzo, Florentino Pax vivió un hecho capital del que nunca se pudo reponer: la muerte de Dantón Florentino, su padre, hombre humilde, ancashino, político primario, a manos de uno de los grupos paramilitares que estaban bajo el mando de su gobierno. Dantón Florentino, papá del presidente de la República, se encontraba como todas las tardes saliendo de su trabajo en Casma cuando fue interceptado y llevado a las afueras de la provincia para ser fusilado con las manos amarradas y una bolsa en la cabeza. Había sido un error. Fatal error. Lo confundieron con un subversivo. Dantón había sido alcalde de Casma en Áncash quince años atrás. La noticia causó conmoción: ¨¡Asesinaron al alcalde Dantón! o peor aún: ¡Acaban de matar al papá del presidente! Hubo 3 días de duelo nacional. Esteban, presidente e hijo de Dantón, había conformado grupos paramilitares contra el terrorismo, los cuales, en las sombras eran en realidad instrumentos gubernamentales para asesinar opositores al régimen. Él había firmado el destino de su padre. Mandó a fusilar a los paramilitares responsables del asesinato erróneo y en público responsabilizó a los movimientos subversivos desplegando medidas de fuerza y justificando acciones violentas y asesinatos colectivos. Fue un parteaguas. 

A las horas de salir del poder en 1980 cayó sobre él una orden de impedimento de salida del país. Consciente de sus delitos, que él llamaba ¨culpas¨, y pasible de la fuerza de la justicia a la que había desacreditado durante su ochenio en el poder, tomó la decisión de esconderse en las profundidades del Ande peruano, conoció entonces la ¨arrugada¨ geografía andina —tal como lo diría John Murra—. Primero permaneció en Shunqui, pueblo olvidado de Huánuco, lugar donde nació su madre, luego en Pachas, distrito aún más alejado. Al ser descubierto por los pobladores locales huyó a Tingo María, entrada de la Selva. Allí se instaló, olvidado y exiliado en su propio país. ¨Soy el Raskólnikov que se va a Siberia¨, se decía a sí mismo. ¨Cielo Violeta es mi Sonia¨, se consolaba. Vinieron décadas de soledad, escasez y discreción. Su nombre no aparecía en los libros de Historia del Perú, su gestión presidencial no era mencionada en la enseñanza en los colegios. El Congreso de la República presidido por el Frente Liberal Próspero Perú, que décadas atrás había perdido las elecciones presidenciales en segunda vuelta contra él, suspendió de manera indefinida su pensión vitalicia, de modo que su principal fuente de ingresos económicos no existía más y sumado a los embargos judiciales, el despilfarro en inversiones truncas y sus cuentas confiscadas en paraísos fiscales, constituían la razón de su debacle monetaria. Pasaba sendas penurias. ¨Estos canallas se están vengando¨, repetía cada mañana. Esa noche como todas, siempre a las 7:15 p.m. —hora en la que antes acostumbraba cenar en Palacio de Gobierno— acostado en una vieja hamaca que colgaba de dos Cumala Colorada, leía en los periódicos que la población esperaba con expectativa el pronunciamiento del Supremo Tribunal que lo condenaría por el único de sus juicios que había llegado a etapas concluyentes: el aniquilamiento y desaparición de los presidiarios del penal de Cambio Puente en Chimbote ocurrido en 1976. ¨Cobarde y asesino, queremos a Florentino¨, gritaban los familiares de las víctimas. Él había ordenado la ejecución. El tema lo atormentaba, se sabía culpable, preso. Se refugiaba en los versos de Rubén Darío aún presentes en su memoria: ¨En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín¨. 

El gallo que erróneamente cantaba a las 11 p.m. ante la imponente luna de siempre, esa noche no cantó. El ex presidente de la República había muerto. Florentino Pax, otrora jefe de Estado de ego inconmensurable y ambición desmesurada falleció mientras recordaba extintas épocas de gloria, frente a frente con su condición humana, en aires de impunidad, acostado en su cama posada sobre cartón humedecido por la lluvia filtrada de su techo precario. El día todavía no había acabado, pero no habría duelo nacional en las siguientes horas ni exequias multitudinarias. Fue un infarto, asumió la familia. Al mayor de sus hijos se le pasó por la cabeza que quizá fue pena o culpa. Lo velaron a puertas cerradas sus 2 gallinas, sus perros Edison y Aaron, su gato anciano Ramón, un felino de grandes bigotes, y sobre todo Cielo Violeta, la última de sus partidarias, la ex primera dama de la Nación, quizá la única que hubiese vuelto a votar por él, su compañera vitalicia.

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DESCRIPCIÓN DEL AUTOR: Steeven Johannes Flor Pio, joven de 20 años, estudiante de Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), estudiante de intercambio por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), redactor de artículos en el Diario La Industria de Trujillo. 




martes, 20 de diciembre de 2022

OLENKA SALINAS - 4 POEMAS

 





***QUINTO PISO***

 

No hay silencio siquiera en mi mente

Los gritos queman, sangran, duelen

¿Por qué lloran las tortugas?

Recostada en el mar de nubes

Ligera y sin edad

Niños cantan con sonrisas

Rio de lágrimas

Descalza navego el mar infinito de recuerdos

Me he topado con uno de ellos

Pintándome los labios me veo

Niña siendo, 

vitilosh pido

Mamá dice no, hay invierno afuera

Continuó viajando presa, hipnotizada

Llego a casa verde

En casa verde hay llanto, decido continuar

Moverme aún no puedo, siento

Casa verde ahora es negro

decido ingresar

Mamá no llora, mamá observa a sus niñas

¿Por qué lloran las tortugas?

Se han escondido tus niñas mamá

He cerrado la puerta de ese recuerdo

Y ahora recuerdo porqué comencé a navegar



***He llevado el mar a casa***

He llevado el mar a casa en una bolsa de tela

El viento escondido en mi blusa

Huye de los árboles que lloran porque se acerca el otoño

Busco bosque en desierto

Busco sol en invierno

Estrellas bailan en mi cuerpo 

me susurran las tragedias que el tuyo esconde

El mar sin mar y sin olas nuevas es charco amargo

Acostada en celeste llevo el infierno de collar

No pasa nada, sonríe si no vuelve

Niña de mirada luna

Llévate el mar a casa

Juega a escondidas con el viento

Abraza a los árboles que lloran porque el otoño se llevó su vitalidad

Cúbrete de sonrisa porque él ya no vuelve

 

***CAPARAZÓN***

 

Pesar mío

                              Compañero mío

Sutilmente esclava tuya

Hunde tu duro mazo en mi cosquilla izquierda

Cóseme los ojos que ya no quieren ver

Guíame sin ellos al alivio

Ahora, 

alivio tómame y repíteme en el oído

         PIEDAD, PIEDAD, CRUELDAD

Grito sin fondo y con hedor dulce

Busco tus manos alivio

Busco tu consuelo alivio

Me has abandonado

 

***SOFI***

Hallaron mi cadáver en unas hojas de papel

En mis ojos el reflejo de la sonrisa plateada ya no iluminaba

La banca donde regué la lírica de mis gritos

fue pintada por un grupo de huérfanos de memoria

y mis pies desnudos del color del ocaso 

indicaba dónde la calza de cuero había quedado 

Recogieron mis oscuros trapos, un anillo de sangre

y mi sortija chiquita, tan chiquita como estoy ahora

Detestable fui para ellos, demasiado excéntrica, tal vez

Tocaron bellas sinfonías con el crujido de mis costillas 

Besaron mi rostro con sus talones

Hallaron paz en la decadencia de mi pulso

 

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martes, 6 de diciembre de 2022

RESEÑA POÉTICA/ XAVIER POICÓN

 


LA FORMA ÚNICA DEL CAOS

 

Una vez terminada la lectura de un libro que ha logrado conmovernos, y ya pasados los días y las noches con sus rutinas, ese mismo libro pareciera volver a nosotros, pero esta vez en forma de sombra, como Virginia Woolf dice en uno de sus ensayos: "Allí cuelgan en la mente las formas de los libros que hemos leído". Formas. No un estado de ánimo, ni el argumento, sino algo más plástico. Es como si una escultura acuosa se hubiese creado durante la lectura y ahora viviese en nuestra mente. Un residuo que persiste en una forma única.

Tuve el privilegio de leer La Arqueología del Caos antes de la impresión del libro. Privilegio que se deriva de uno más grande, contar con la amistad de su autor, Joe Guzmán. Las amistades que se forman sobre la base de un vicio común suelen ser las más duraderas. Y nosotros compartimos dos: el embriagante vicio por la lectura y, quizás el vicio más infame y destructivo de todos, el de la escritura.

Como si se trataran de hongos alucinógenos o anfetaminas, hemos venido traficando libros y escritos desde el 2014 con la esperanza de lograr estremecer nuestros organismos yonkis cada vez más inmunes y exigentes. Nos va quedando claro, eso sí, que no existe cura para nuestra condición. Estamos condenados.

Leí su libro de un tirón, y luego, inmediatamente, lo volví a leer con la certeza de que se me escapaban muchas cosas, imágenes, intenciones.  En la segunda lectura sentí algo parecido a lo que siento al ver los cuadros del Bosco. A cada línea explotaban imágenes tan cargadas y evocativas que era difícil quedarse con una idea general y perderse la belleza de lo pequeño. Igual que en el Jardín de las Delicias, había que aguzar la vista e ir construyendo el cuadro general detalle a detalle. Con la paciencia de un arqueológo que valiéndose solo de un cepillo de dientes se dispone a desenterrar una ciudad entera, recorrí verso por verso el camino que me proponía el libro. Atravesé sus páramos y cuevas, seguí el rastro de melancólicos homínidos, la desolación que arrasó nuestro pasado y reconocí el vértigo de nuestro futuro póstumo. El tiempo. Como dice Ezra Pound: "lo que sabemos lo sabemos por ondas y espirales que salen de nosotros y de nuestro tiempo". Joe sigue esta trayectoria. Ondas y espirales. Deformadas por el colapso. Pareciera que asistimos a la etapa final de la especie, al inventario de nuestras derrotas, de los presagios no atendidos. Es inquietante que la narración sea en presente y no en futuro. ¿Hace cuánto que habitamos nuestra propia extinción?

"Qué profunda y terrible es la luz que brota de nosotros/cuando estamos próximos a desaparecer", dice Joe en El crujido de los fósiles. Y quizás esa luz sea a lo que se refiere Susan Sontag cuando dice que "el pasado es el más surrealista de los objetos, haciendo posible ver una nueva belleza en lo que se está desvaneciendo”.

 


(Luis Eduardo García, Joe Guzmán y Óscar Limache, en la presentación del poemario)


Pero la arqueología no es una ciencia, es una Vendetta; y le sirve también para saldar cuentas con su generación, con la tradición, con el pasado. La búsqueda también es interna, la verdadera búsqueda del caos, de ese caldo de materia primitiva que en la destrucción del orden pareciera dar sentido a todo. Artaud decía en una carta: "Mi vida es la realización de una profecía".  Y Joe alinea su destino con la poesía, todo poeta es su propio profeta. “Solo tú eres digno del fuego”, dice Joe en su Réquiem por Juan Ojeda, oteando los pasos del poeta suicida en la noche ciega del infierno.

Retomo la idea de la forma única que se crea en nuestra mente cuando un libro nos conmueve. Porque debo decir que La Arqueología del Caos me conmovió profundamente, y al volver a leer sus páginas siento que se han incorporado nuevas formas y significados que han enriquecido su lectura. Sé que cuando vuelvan a pasar los días y las noches con sus rutinas, la forma final del libro terminará siendo una especie de alquimia entre la forma que creó Joe y la forma que yo como lector puedo seguir dándole. Son pocos los libros que  tienen esa capacidad de no agotarse. La Arqueología del Caos es uno de ellos.  

Sé que propiciará un número infinito de reuniones. Gracias por esa forma única de mezclar belleza y estremecimiento que tu libro ha logrado esculpir en la mente de quienes lo hemos leído.